En el área de Salud Mental contamos con profesionales dedicadas a la Psiquiatría, Psicología, Psicología Perinatal y Sexología.

PSICOLOGIA Y SEXOLOGIA 

Pensamiento del hombre en el sofá

El rol del psicólogo como sexólogo clínico


Dentro de lo que se clasifica como trastornos sexuales las disfunciones sexuales constituyen la categoría diagnóstica más importante de los trastornos psicosexuales.

Estos están caracterizados por una alteración (especialmente inhibición) en alguna de las fases de la respuesta sexual humana (fase de deseo, fase de excitación, fase orgásmica y fase de resolución) que impiden o dificultan el disfrute satisfactorio de la sexualidad.
En general, existe una disfunción sexual cuando alguna de las respuestas psicofisiológicas implicadas en el ciclo de la respuesta sexual, o la totalidad de ellas, no se producen o solamente se producen de manera parcial.  (Kaplan, 1975).


En función de su etiología, los trastornos sexuales se dividen en orgánicos y psicológicos, a pesar de que tal distinción en muchos casos resulta difícil de establecer. Existen, sin duda, factores orgánicos que pueden alterar la función sexual, como determinadas enfermedades, intervenciones quirúrgicas o traumatismos o pueden ser consecuencia del tabaquismo, alcoholismo, drogadicción o ingesta de  psicofármacos.


También hay estados psicofisiológicos como la depresión, el estrés y la fatiga que pueden dañar de una manera profunda la sexualidad.
Es habitual que los pacientes con un trastorno en su vida sexual lo atribuyan a procesos orgánicos y, por ello, es frecuente que acudan a la consulta de algún médico en busca de ayuda. Hoy en día, muchas personas se enfrentan a una incertidumbre a la hora de recurrir a un especialista en sexología, ya que no saben a qué especialista recurrir.


Tradicionalmente, los problemas de naturaleza sexual han sido abordados desde la perspectiva médica. Este enfoque atribuye una mayor importancia en el origen así como en el curso de un trastorno sexual a factores biológicos: vasculares, endocrinos (hormonales), neurológicos, morfológicos o como efectos secundarios al uso farmacológico.
En la actualidad, hay un exceso de medicalización de las disfunciones sexuales y de los problemas emocionales ya que se ha convertido en uno de los objetivos de la industria farmacéutica y de la industria sanitaria.


Hay que tener presente que la medicación no solucionará el problema hasta que se traten las dificultades emocionales y el problema reaparecerá, si los medicamentos que se utilizan no van acompañados de un proceso de aprendizaje. Estas curas farmacológicas sólo pueden ser útiles si existen causas biológicas que estén impidiendo a la persona tener una vida sexual satisfactoria.
Los psicólogos tenemos un doble problema cuando el paciente llega al consultorio, ya que nos encontramos con una doble patología: la de su disfunción y la de los efectos secundarios que sobre la sexualidad y la vida afectiva ejercen determinados psicofármacos.


Cuando se descartan las causas orgánicas, los tratamientos sexológicos psicoterapéuticos y comportamentales demuestran que el origen de las disfunciones sexuales es casi siempre psicógeno. Es importante resaltar que las respuestas sexuales muchas veces fallan por razones emocionales.
Los tratamientos deben ser integrales y efectuados por un equipo interdisciplinario que maneje tanto la información orgánica como no orgánica.


Una terapia adecuada, tanto para el que sufre el trastorno como para su pareja, debiera entregar herramientas que le ayuden y orienten a un mayor conocimiento de sí mismo, de su sexualidad y de su pareja, para así poder mejorar la calidad de vida de ambos.


Un enfoque atinado es un ENFOQUE BIOPSICOSOCIAL (biológico-psicológico y social) que además entienda la sexualidad humana desde un punto de vista más amplio donde tengan lugar las cogniciones (pensamientos), los sentimientos, los mitos sobre el sexo de nuestra cultura, los valores relativos a cómo deberíamos ser, las atribuciones que hacemos de nuestras conductas y de las de los demás, los mitos y prejuicios, nuestra historia personal, nuestro sexo, nuestra situación vital, y cómo interacciona todo ello entre sí para dar lugar a un malestar de la pareja en cuestiones sexuales.


Es evidente que las disfunciones sexuales con mucha frecuencia pueden estar interrelacionadas con otros problemas, en concreto problemas personales y en especial problemas de pareja. De hecho en algunos trabajos se señala que el éxito del tratamiento depende en gran medida de cómo lo acepta o
colabora la pareja, más de qué haga la persona con disfunción.


Finalmente, se debería dar un mayor énfasis a la educación, ya que la ignorancia en estos temas puede causar mayores problemas que los que causa directamente la disfunción. Considerando también que la mayoría de las disfunciones sexuales tienen un tratamiento exitoso, el conocimiento de estas permitiría que más personas pudiesen identificar el trastorno y recurrir a un especialista, ya que la gran mayoría no lo hace.


Un psicólogo especialista en sexología es un profesional que combina ejercicios sexuales con psicoterapia, evalúa los problemas psicológicos que influyen en la génesis y evolución de las disfunciones sexuales, evalúa las causas psicológicas recientes y remotas que actúan sobre la persona o su pareja y utiliza las técnicas y recursos terapéuticos para corregir problemas emocionales vinculados con la sexualidad.